martes, 20 de septiembre de 2011

"Compañeros de viaje, amigos en armas..."


                                                    Esta entrada es un pequeño homenaje, una forma de agradecer y de recordarles lo importante que son a esos buenos amigos que debieran llamarse hermanos.
                                                
                                                    Y en especial entre ellos a una a la que hoy he visto un poco jodidilla y que espero que esto le alegre un poco.

 "Compañeros de viaje, amigos en armas..."


                Porque hay amigos y amigos. Aunque en realidad sólo hay un tipo de amigos... el resto, conocidos, gente con la que te relacionas por H o por B, por simple coincidencia geográfica o por algún tipo de afinidad.

                Pero un amigo no tiene porque vivir a nuestro lado, no tiene porqué compartír nuestras aficiones, ni llamarnos a todas horas para preguntar por lo que hacemos.

                   “ Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.”  Elbert Hubbard

                Y así es, porque un amigo de verdad es el que es capaz de llamarte idiota a la cara, de esa necesaria hostia que te baja de las nubes en las que puedes estar, que puede enfadarse sin querer decir que deja de ser tu amigo, porque si lo hace es que realmente le importas. Alguien que te dice la verdad y no lo que quieres oir. Puede opinar que te equivocas pero si es necesario apoyarte aunque sea una misión suicida, aunque todo parezca en perdido, lo hace.
               
                Una vez, una profesora mía me dijo hace mucho que, la mayoría de amigos se hacen en los años de universidad... claro está que no todos... y esto he comprobado que es muy cierto. La distancia de la universidad por ejemplo limpia muchos "amigos" que lo eran por coincidencia geográfica... porque simplemente no habia otra gente y otros que han cambiado, porque la amistad no dura siempre si no se cuida, maduramos además y cambia nuestro concepto de amigo, lo que exigimos, lo que damos. Y nos damos cuenta que un amigo no es ese que va con nosotros a jugar a las canicas, a la piscina en bici con nosotros... Empezamos a ver quizás que el salir de fiesta con alguien lo convierte automáticamente en un amigo... porque a la hora de la verdad, cuando la musica se apaga, cuando tienes verdaderos problemas, mayores (aunque algunos crean que no existen) que el estar castigado sin salir de fiesta o que fulanita, que te gusta no te hable en el pasillo del instituto; es decir, cuando las cosas son realmente jodidas, esos "amigos" se esfuman con una facilidad pasmosa.
                
                Siempre he sido muy sociable y me ha encantado y sigue haciendolo, conocer gente nueva. Conocer puntos de vista interesante, aprender de los demás (hay mucha gente que sin saberlo te enseña cosas increibles, incluso muchos queriendo dañarte, acaban siendo grandes profesores) y a lo largo de estos años he conocido a gente genial, a otra que al principio no destacó demasiado y acabó sorprendiendome más de lo que hubiera imaginado y gilipollas... porque bueno, dicen que el mundo es redondo pero hay gilipollas en cada esquina... y es cierto. También gente muy mala y muy lista... pero que al final, queriendo joderme solo me hizo más fuerte e hizo aprender lecciones que quizás ellos no aprendan hasta que sea demasiado tarde.

                Y es cierto lo que me dijo aquella profesora, pero no solo en la universidad en sí, si no más bien estando en ella, pues conoces a una cantidad ingente de personas, (ya no hablemos de mí, que me apunto hasta a un bombardeo, que soy alguien bastante activo, le gusta viajar, estoy en el grupo de teatro de la universidad y bueno... me meto en mil fregados porque está en mi forma de ser), si no ESTANDO en ella. Como muestra un botón, el estar en el grupo de teatro me hace viajar (con nuestra mini-gira) y conocer a más gente, algunos realmente increíbles y que me caen estupendamente.
               
                También es curioso la manera en la que alguien se convierte en tu amigo. Hay algunos que lo son desde pequeños y vas creciendo y realmente esa amistad se mantiene, aunque dejes de tener cosas en común, aunque te alejes por los vaivenes de la vida.
                Otros, que simplemente aparecen y los ves como amigos, supongo que será eso que llaman "feeling" y que con el tiempo ambos demostrais que realmente es algo más que afinidad y aficiones en común lo que manteneis y que, ¡coño!, esa persona realmente te importa y te demuestra que está ahí.
                Incluso algunos que sin tener nada en común y siendo conocidos acaban -quizás más sorprendentemente que los otros - convirtiendose en alguien tan digno de llamarse amigo como los demás antes mencionados. Tan presente en los buenos como en los malos momentos... sobre todo en estos últimos.

                Algunos no los ves desde el principio y vas descubriendo que no sólo es un compañero (que hace compañia) si no que interactúa cada vez más en tu absurda vida... que parece ser que le importa el verte o no verte bien, que es aquel que te dice las cosas que otros piensan y no se atreven a decir (porque no les importa lo que hagas ni los resultados de dichos actos) o que te dicen lo que no te apetece una mierda oir... pero que, aunque lo niegues, sabes que tienes que oir. Que la vida realmente no es nada dulce ni bonita, pero que el camino es algo mas liviano si hay alguien para tenderte una mano cuando tropieezassonrie y te ayuda a continuar... no hace falta decir "siempre me tendras aquí" o "¿qué tal te fue el día?". Y tampoco hace falta decirles tú lo mismo. No hace falta un "tú harias lo mismo por mí" porque el movimiento se demuestra andando y él te lo ha demostrado y tú también a él que estais ahi para tender esa mano que ayuda a alzarse ante los tropiezos inevitables de esta perra vida.
                
                Y además, la vida te sorprende de las más diversas formas, como en todo en esto también. He conocido gente por las cosas más curiosas la verdad, ¿la última? por poner a caldo una película ciertamente mala. Gracias a la enorme y espectacular cagada de algún director -ayudado por la no menos defecable actuación de algún grupo de guionistas- conocí a una persona extraordinariamente genial. Única, que a cada minuto y día me iba dando "mejor espina", no sé, una de esas personas con las que te muestras tal y como eres desde un principio sin cautela alguna. De las que no te preguntas nada porque... no sé simplemente te sientes agusto hablando con ella, no sólo por tener cosas en común en aficiones si no porque te gusta su forma de ser, te encanta al ver que aún quedan personas que son AUTÉNTICAS, que merecen la pena. Algo que me alegra la verdad y me hace realmente ver que hay PERSONAS ahí afuera y no solo gente...

                Y es por esta última persona, por la que me he puesto a acabar esta entrada a la una de la madrugada, la misma entrada que el otro día dejé por no estar muy inspirado. Porque la rabia que me ha dado verla mal, lo que realmente me ha jodido ver a alguien que me ha abierto las puertas de su casa, de su corazón (porque la amistad es eso, mostrarse en su totalidad al otro sin pensar en que te va a juzgar y solo va a ver lo malo y a cuchichear luego a tus espaldas), que me ha sacado una sonrisa esta tarde al recordar un comentario del fin de semana, esté mal porque la gente se aburra y aplique sus extraordinarias capacidades de tocar las pelotas a gente que realmente merece la pena. Simplemente porque parece ser que hay mucha gente que su único objetivo en la vida es entrometerse en nuestras vidas, yo tengo bastante con la mia ciertamente. Y sólo me entrometo en la vida de aquellas personas que me importan, e intento que esa intromisión sea para ayudar y no para poner zancadillas.
               
                Porque sinceramente, lo mas admirable de hoy en día es que aún queda gente con cosas en la cabeza, con opiniones diferentes a las nuestras con las que discutir no tiene un matiz negativo ni significa gritar (si no intercambiar opiniones), que te pueden aportar puntos de vista que no tuviste nunca en cuenta y hacerte ver que en algunas cosas estás equivocado -nunca es malo admitir una derrota o una equivocación, porque es de ellas de las que realmente aprendes- .
                Lo más admirable hoy en día es que aún queda gente aútentica y que realmente merece la pena. Esa gente, que más que personas, más que amigos, deberían llamarse HERMANOS.

                Esta entrada va para esos amigos -ellos saben perfectamente quienes son- que sé que siempre estarán ahí, por muy lejos que estén, por muy tarde que sea (a los que puedes enviar un sms a las tantas de la madrugada y se preocupan por respondertelo en el acto). A esos que cuando las cosas van genial, me advierten que quizás no lo van tanto, que debo andarme con cuidado y no tomar ciertas cosas a la ligera. A los que te dicen en ciertos momentos lo que quieres oir pero nunca lo anteponen a la realidad si es algo realmente grave y te tienen que decir "qué cojones estás haciendo". A los que puedes haber no hecho caso, haber tropezado y lo que oyes de ellos es "¿cómo te encuentras" en vez de "te lo dije".  Los que te hacen pasar ratos inolvidables- no todo es estar ahí en los malos momentos. Los que han aguantado contigo que el barco encalle y no parezca haber manera de moverlo (no sólo literalmente) y tiran de la cuerda contigo para ayudarte a sacarlo, pero que también disfrutan contigo de los brindis y risas durante dicho viaje. Los que te envian un sms felicitandote el año nuevo y diciendote el te quiero más sincero con el que podias esperar el año. Con los que compartes ilusiones y proyectos. Con los que, te da en la nariz que haréis grandes cosas. Con los que te hacen pasar un fantástico último fin de semana anttes de volver a empezar el nuevo curso. Los que definitivamente son amigos de verdad y no puedes ya imaginarte la vida sin ellos.


                En este momento de un lleno de redes sociales, de formas de comunicarse, irónicamente es el momento en el que más gente sola hay. Cuanta más gente te rodea, más grande es la multitud, más dificil es conocer realmente a alguien y sentir que no estás solo. La verdadera amistad está ahí, ver entre una multitud de gente que está solo fisicamente, a los pocos que no estan presentes pero que nunca te abandonan y llegan a penetrar en tu corazón. Porque el mayor placer es no tener miedo de "el qué dirán" y mostrarte totalmente cómo eres ante esas personas, porque todos tenemos nuestras miserias y grandezas; pero para un amigo hay algo más... algo que quizás no se pueda explicar... qué quizás simplemente eres tú. Porque ambas cosas son tuyas.
                 
                A esas personas, sois auténticas 100%, no me cabe duda, cada una con vuestras frikezas, vuestros gustos, vuestras virtudes y defectos. Compartimos algunas cosas, en otras somos totalente opuestos. Pero algo tengo claro, puedo contar con vosotros (y vosotros sabeis que conmigo también).


                Es una entrada extraña, privada y pública a la vez... muchas cosas sólo las entenderán quienes yo quiero que las entiendan, otras todo el mundo, otras sólo yo y algunas ni eso... pero sólo quería decirlo, quedarme agusto y sacar una sonrisa a esas personas que me la han sacado a mí en múltiples ocasiones. No es decir gracias ni demostrar nada, las palabras sólo son eso... pero me he quedado agusto y creo que si que hay un poco de decir gracias y otro poco de reconocer de algún modo la labor de esas personas sin las que yo no sería del todo yo, porque ellos son una de las razones por las que seguir adelante, por las que continuar luchando por levantarme.
                Gracias a esas manos que nunca faltarán ni para ayudarme a levantarme ni para alzar la copa y brindar por las aventuras que vivimos y viviremos juntos.

         Pedro-Ángel

viernes, 16 de septiembre de 2011

Regreso (Vuelta al cole)

                                          El idiota siempre vuelve... siempre fue romántico, siempre será un bohemio...



                Y aquí estoy de nuevo... tras un verano, un descanso estival que no vino nada mal y que ya está en ciernes. Cosas claras, otras no tantas pero animado a afrontar lo que venga y con la convicción de seguir siendo ese mismo idiota romántico, ese imbécil de culo bohemio que nunca cambiará, pero que va aprendiendo.

                Y pues os dejo con una nueva entrada inaugurando el nuevo curso, lleno de tantas aventuras por vivir...

               

                Es curioso -pensó- tantos pasos recorridos y volvía a estar en el mismo punto, en la casilla de salida de nuevo.
                Pero, eso es la vida, ¿no? Tirar el dado una y otra vez... una y otra vez... una y otra y otra y otra vez... hasta que caes en una casilla que te obliga a volver... y vuelves a empezar, pero no de cero, porque llevas en tu mochila un bagaje emocional totalmente desconocido antes, algo que te permite sortear o solucionar mejor las casillas malas de la partida. Nadie puede mirarte por encima del hombro... porque no juegas contra nadie. Juegas contra tí mismo. Lo importante en este juego es el camino, como en los buenos juegos, lo divertido, el reto, es jugarlo... pues terminar es seguro que algún día lo hará.
                Mientras, no sólo conocemos a otros jugadores: unos malos, otros buenos, unos más importantes, otros menos. Nos conocemos a nosotros mismos, nuestros límites, nuestras respuestas y reacciones ante lo impredecible.
                Y así todo. Suma y sigue, tira el dado, roba carta... y hacer trampas es inútil, porque te las haces a tí mismo y no sirve de nada ganar falseando las tiradas, no se aprende nada, no se vive.


                               Y mis zapatos ya caminan un paso y medio por delante, se arriesgan más de lo                que yo acostumbro.
                               Y mi espada ha cogido la costumbre de salir de su funda y batirse en duelo en                 cuanto mi corazón lo pide.
                               Cada vez es más difícil ser nihilista, cada vez me importan más cosas.
                               Y qué quereis que os diga si mis besos tienen alas y vuelan lejos a las mejillas de aquellas que nunca amaré.
                               Y qué queris que os diga si mis versos cobran vida en las esquinas de las             páginas del cuaderno que nunca escribiré





                                                                                                                                                    Pedro-Ángel