viernes, 16 de septiembre de 2011

Regreso (Vuelta al cole)

                                          El idiota siempre vuelve... siempre fue romántico, siempre será un bohemio...



                Y aquí estoy de nuevo... tras un verano, un descanso estival que no vino nada mal y que ya está en ciernes. Cosas claras, otras no tantas pero animado a afrontar lo que venga y con la convicción de seguir siendo ese mismo idiota romántico, ese imbécil de culo bohemio que nunca cambiará, pero que va aprendiendo.

                Y pues os dejo con una nueva entrada inaugurando el nuevo curso, lleno de tantas aventuras por vivir...

               

                Es curioso -pensó- tantos pasos recorridos y volvía a estar en el mismo punto, en la casilla de salida de nuevo.
                Pero, eso es la vida, ¿no? Tirar el dado una y otra vez... una y otra vez... una y otra y otra y otra vez... hasta que caes en una casilla que te obliga a volver... y vuelves a empezar, pero no de cero, porque llevas en tu mochila un bagaje emocional totalmente desconocido antes, algo que te permite sortear o solucionar mejor las casillas malas de la partida. Nadie puede mirarte por encima del hombro... porque no juegas contra nadie. Juegas contra tí mismo. Lo importante en este juego es el camino, como en los buenos juegos, lo divertido, el reto, es jugarlo... pues terminar es seguro que algún día lo hará.
                Mientras, no sólo conocemos a otros jugadores: unos malos, otros buenos, unos más importantes, otros menos. Nos conocemos a nosotros mismos, nuestros límites, nuestras respuestas y reacciones ante lo impredecible.
                Y así todo. Suma y sigue, tira el dado, roba carta... y hacer trampas es inútil, porque te las haces a tí mismo y no sirve de nada ganar falseando las tiradas, no se aprende nada, no se vive.


                               Y mis zapatos ya caminan un paso y medio por delante, se arriesgan más de lo                que yo acostumbro.
                               Y mi espada ha cogido la costumbre de salir de su funda y batirse en duelo en                 cuanto mi corazón lo pide.
                               Cada vez es más difícil ser nihilista, cada vez me importan más cosas.
                               Y qué quereis que os diga si mis besos tienen alas y vuelan lejos a las mejillas de aquellas que nunca amaré.
                               Y qué queris que os diga si mis versos cobran vida en las esquinas de las             páginas del cuaderno que nunca escribiré





                                                                                                                                                    Pedro-Ángel

No hay comentarios:

Publicar un comentario