sábado, 24 de diciembre de 2011

La última vez que soñé.


La última vez que soñé,
tenía unas botas nuevas.

La última vez que soñé,
ignoraba que el reloj corría,
que las horas pasaban,
que la vida pisaba,
que poco a poco moría.

Pero nunca estuve más vivo,
que la última vez que soñé.
La última vez que soñé
te decía al oído:
    -No tengas miedo,
     estoy aqui contigo.

La última vez que soñé.

Volaba en tus labios,
me perdía en tu piel.
La última vez que soñé.

Y ahora quiero,
cogerte la mano,
mirarte a los ojos.
No recordar que soñaba,
gritar:
   -Corre, no mires atrás,
   no existe el mañana.

La última vez que soñé,
bailaba contigo un vals,
el de tu sueño y el mio,
de mi boca y tu ombligo.





Pedro-Ángel

miércoles, 14 de diciembre de 2011

"De margaritas y poetas, de sueños nocturnos bajo una luna llena de besos."

                      En el mundo sobran rosas y faltan margaritas...

                No sabéis lo bellas que son las margaritas cuando duermen.

                Por las noches, cuando están tranquilas, cuando con sus pétalos te acarician. Cuando se mecen con el suave rubor de la brisa nocturna, cuando la mayor felicidad es con cuidado, con ternura, rozar sus pétalos, como mejillas suaves y brillantes bajo un rayo de luna.

                Y cuando sus pétalos están recogidos, en calma su respirar como canción secreta nunca escuchada. Belleza y brillo, un fulgor que de su mismo interior sale.

                Y lejos de ser, al estar sus ojos cerrados menos bellas, duplican sus encantos. No como esas pretenciosas rosas, las margaritas son bellas de verdad, no son apariencia y olor. Son bondad y pureza. Se subestiman, se creen vulgares y feas. Se equivocan, son ellas las que inspiran a poetas, ellas que no tienen espinas de vanidad, si no pétalos de dulzura.

                No quiero ninguna rosa estúpida y estirada, como la que tuvo el principito en aquel planeta alejada. Pues eso es lo que a las rosas les pasa, se creen de otro planeta, de otra lejana galaxia. Pero las margaritas, pasan desapercibidas ante los necios y son las verdaderamente sencillas, las verdaderamente bellas, las que de mi lado no quiero apartar.

                Y lo dije una vez y lo repetiré mil veces... parecen todas iguales pero cada una es especial, y hay algunas que valen su peso en oro. Y aunque a veces todo parezca en contra y detrás de la tempestad venga la tormenta y no tengamos un respiro. O detrás de la calma venga la tranquilidad y parezca que no sucede nada. Este poeta, tan diferente y tan igual, seguirá dedicando en secreto sus versos a su margarita más especial. Esa que una vez lo llevó tras de azul en un fulgor.



                                                                                                                                                                       Pedro-Ángel
                                                                                                                                                          Burgos, 14 de Diciembre, tras un Martes 13.