jueves, 22 de noviembre de 2012

Ecos bohemios de sueños olvidados.



                                                                                                              para Bren, por sus nuevos años:

                Gata por los tejados parisinos, espíritu libre, remolino de tinta. Tormenta ultramarina con aires de la Habana Colonial.

                Ojos de gata, alma de artista bohemia. En Montparnase un altar.

                Guárdame una habitación contigua en Bateau-Lavoir para cuando vaya con mis óleos y versos. Sólo necesito un lienzo. ¡La absenta y las musas vendrán después!
Haciendo de Man Ray una reportera que idolatro. La Gala de este bohemio surrealista.
Y cuando la bohemia parisina muera, empaquetemos nuestras obras. Con los versos a otra parte. A comernos la gran manzana y que la 5ª avenue nos tema.

                Con ritmo de habanera este tango, con aires de Caribe este Pisuerga. Vientos de la mar océana cruzando los campos de esta mi Castilla.
No puedes detener el tiempo, ni tú ni nadie. Pero sí contenerlo en una imágen, empaparlo de recuerdo.

                Tatuar con poesía en un alma llena de arte, sin maldad, que bombea tínta y azafrán.

                Navegar sin rumbo buscando el Norte, guiados por la luz de Orión, San Jorge nuestro Patrón. Sin importarnos los dragones, ni el peligro de naufragio. Si los vientos no nos derriban, más fuertes nos harán.

                Y si me ahogo que lleven mis restos, en una copa de cristal...
(...de bohemia, se dé por hecho)


 Pedro-Ángel

miércoles, 7 de noviembre de 2012

   



      Reportera del clarín del bohemio, noticia de última hora en primicia. Razón de mis sonrisas y dueña de mis besos. 

      Un año más, más guapa y tú tan Pichi, intrigada por tú regalo y yo deseando abrazarte. Mi periodista favorita. Quiero más viajes, otras tres mil fotos y más besos aún.

        Te quiero, me encantas, no importa que el mundo se derrumbe mientras nosotros estemos juntos. Más sonrisas me esperan, una por cada segundo a tu lado. 


Te quiero.


                                                                   Feliz Cumpleaños

                                                                                                                                                        Pedro-Ángel

lunes, 5 de noviembre de 2012

Alma deconstruida a merced del frío otoñal

                                                                                                           para Zarita por su cumpleaños 
(más vale tarde que nunca) 





  Hay ocasiones en que la atmósfera reductora de la realidad minimiza a un estado crítico el O2 de mis sueños.

    Amargos tragos de pentotal sódico. Suero de cruel sinceridad que al traste da con todo lo que fui.

    Cuando la ola de helada crueldad impertérrita de la subrealidad*: sin sueños, sin valores, sin fantasías ni razones.

    El surrealismo y los bohemios mueren.

    Esta alma de lata destrozada por el sacacorchos de la maldita (puta) realidad.

    Cuando la hipocresía gana al corazón. Cuando a mis locuras las vence mi razón.

    Cuando la incoherencia es la norma y el coherente el loco.

    La neblina se espesa entorno a las farolas que alumbraron mis noches de soledad y musas.

    La lira de Becquér que enmudeció ya no tiene ni cuerdas.

    La sangre se reseca en mis pinceles y la pintura en mis venas.

    Las pajaritas deben dejar volar a la imaginación, si no estrangulan como una mortaja.

    Mis manos, cada vez más limpias. Mi alma, cada vez más sucia.

    Recuerdo a los caídos, a lo que fui. Nostalgia gatuna. Imagino a los nonatos, a los que nunca seré. Deseos obscuros.

    El odio no sirve de nada, pero perdura más que el tiempo mismo.

    Y cuanto más me entierro, más expongo mis huesos. Y no sé qué es más correcto.

    Ni conmigo ni sin tí. Lo mejor es prescindir de mí.

    Horas, minutos, días y más indultos. Condena perpetua a la dañina razón sin rumbo.

    Sin bote, remos o ganas de nadar.

    Confuso sin saber qué hacer, si hice bien. Ya da igual. 

    Lo peor es no saber lo que me espera. La calma del ahorcado en su melancólico compás de balanceo.

    Ese es el péndulo que marca mi hora.

    Y acabar con todo suena demasiado fácil. Cúmulo-nimbo de despropósitos como polvo sobre un libro jamás leído.

    Cuando tú eres tu propio enemigo.

    ¿Cómo luchar contra uno mismo?

    Adolecer de todo mal. Ser el secundario que muere al final. ¡Ojalá!

    Pero vamos por el tercer acto y esto no da vises de acabar. Sólo sigue sin piedad.

    Quizás aquel difunto no iba tan mal. El corazón ahora lleno de tinta apenas puede soñar.

    Como el gato de Schrödinger, vivo y muerto a la vez. Cuestión de puntos de vista, de formalidad y falta de anestesista.

    Ilumina más la luna llena, que el sol del medio día. Me muevo mejor entre tinieblas, será la costumbre, lo normal.

    Los fantasmas nunca se van, sólo cambian de corbata, un traje, al azar.

    Lo peor es saber quién fuiste, y qué nunca serás. Saber que la condena dictada está.

    Pero las margaritas siguen floreciendo sobre las tumbas. Mis versos se borrarán y mis pasos ni siquiera se hallarán.

    La tinta por mis venas continúa corriendo y los posos de bohemia ahí están. 

    Prometo que los riego con gin. La tónica de mis besos.

    Me pongo el abrigo y lo abrocho. Este invierno hiela el alma y cala los huesos.

                                                                                                                                                                2 /10 /12


                                                                                                                                                                   Pedro-Ángel 
      

miércoles, 7 de marzo de 2012

Caníbal de de besos.

                                                                                         ...Tengo memoria de pez, por eso te beso para que no se me olvide a que saben los sueños.



                Y por una vez, don Carnal ganó a doña Cuaresma. Y aquella noche, en aquel lecho, tantos besos como estrellas en el cielo. Mirando al techo buscando estrellas fugaces para pedir un deseo, sencillo, que se pare el tiempo.

                Y no se puede ser mas necio. No es realidad sino sueño, sueño real, palpable. Mil caricias tantas como palabras se me escapan, un puñado de te quiero no bastan. Se me acaba el argumento, pues mojo mi pluma en tinta y me lo invento. El final siempre el mismo, acostarme a tu lado, junto a tu pecho.

                Junto a tu pecho no me importaría morir, ir apagándome poco a poco. Desdibujarme en tu seno mientras, tú, poco a poco, revuelves mi pelo. Mientras, tú, poco a poco, me confiesas (muy bajito y en secreto) un te quiero.

                Tengo ganas de estar más contigo, de conocerte más, de verte sonreir al despertar y no pensar en que tengo que llevarte a coger el tren, confieso. Pero también reconozco, que las despedidas son más en un andén. Y son mejores los besos cuando prometen un bis al compas de la luna llena de versos.

                Y quiero comerte, caníbal de amor y de celos. Del aire que te roza, de la brisa que mece tu pelo. Caníbal de besos.

                Bailo, bailo y muevo mi culo al ritmo del suero. Suero de sabor carmín, de maletas deshechas, de encuentros en estaciones que no llevan si no a ti. Peces que nunca olvidan el último beso.

                Puede que todo sea un sueño, que mis delirios, tan solo un eco. Puede que mis versos se borren al pasar el dedo, pero cuando mi cuerpo te llama, yo reo. Prisionero de algo que me estremece, que me sujeta y me ata. Como un bote en medio de una tempestad la tragedia se narra.
                Todos los delirios son pocos, todos los versos me sobran. Busco a tientas y no encuentro, el cuerpo que mis párpados invocan.

                Muchos son los besos, pocos los que matan. Pero los tuyos certeros. Me arrancas de mi propio pecho un puñado de sueños. Me desvelas, me excitas, me inspiras.

                Y aquella noche, en aquel lecho, tantos besos fugaces para pedir un deseo, sencillo, que se pare el tiempo.

                                                                                              ...Y buscar trescientas cuarenta y un formas, de decir TE QUIERO.

lunes, 5 de marzo de 2012

Sobre amaneceres y caricias. (Besos y semáforos)

      para ti, que provocas esas sonrisas a cada paso, a cada pensamiento.

                

                 Abrió sus ojos y sonrió, el primer pensamiento que pasó por su mente fue ella. Despertar así era lo más bonito, lo único mejor era cuando, después de ese pensamiento, giraba la cabeza y veía junto a él sus preciosos ojos. Su respiración acompasada y tranquila, un segundo mágico. Pues pronto, como si supiera que la miraba, abría sus ojos y devolvía la mirada. Ese instante, en el que sus miradas se cruzaban era aún más especial. Seguido a esto, como para sellar todos los sentimientos contenidos en aquellas miradas, una sonrisa y un beso.

                Así de sencilla es la FELICIDAD, esos instantes. Como cuando detienen el mundo en un beso, en medio de la calle sin importar nada más. Como cuando el semáforo se pone rojo, rojo pasión, rojo carmín de tus besos. Cada caricia, cada mirada, cada sonrisa es especial y mágica, supongo que es amor. Que la volví a cagar, que me enamoré. ¿Lo mejor? que ella me devuelve la mirada, la sonrisa, las caricias... que los dos nos ahogamos en un mar de besos.



Pedro-Ángel

martes, 7 de febrero de 2012

Brillo de ojos y sonrisas fugaces.

                                                           Porque hace tiempo comprendí, que los ojos no son más bellos por su color, que lo son por su brillo, por lo que encierran tras ellos.
                                                         Y porque, aunque me lleves la contraria, los tuyos son preciosos. Para mí al menos.



                Los ojos no son bonitos porque sean azules o grises, verdes o marrones. Su belleza, reside en su brillo. El brillo que encierran en su interior, que se esconde y sólo se muestra a quien se para a mirarlos fijamente. Ese brillo, como una canción secreta, como una brisa que te acaricia por sorpresa.
                 Ese brillo, ¿para mí? Lo más bonito.

                Y las sonrisas, más bellas cuanto más sinceras. Las sonrisas que se escapan detrás de cualquier tontería de cualquier (quién sabe si poeta) estúpido. Las mejores sonrisas son esas, las que se escapan, las que me llegan.
                Esa sonrisa, ¿para mí? la más preciosa.

                Pero lo que más me gusta, aunque lo niegue, no son esas cosas. Ni tu sonrisa, ni tu mirada. Es negarlo, lo que te hace maravillosa. Es negarlo una y otra vez, llevarme la contraria lo que me hace sonreír.

                Y es que la importancia de alguien no se mide por las sonrisas que te saca, si no por las que, embobado pensando en ella, se me escapan. (Y son muchas y valiosas).


                Y aunque lo niegues, esta es mi versión de los hechos, mi verdad, mi alegría. Puedes pelearme y negarlo, incluso (porqué no) hacerme cosquillas. Pero mi visión es y será (soy cabezota, lo sabes) Y tú, eres GENIAL.


Pedro-Ángel

jueves, 19 de enero de 2012

De bufones y sueños (las cunetas llenas)

                Y es que a veces nada sienta tan bien como cumplir un sueño. ¿Pero a qué sabe un sueño cumplido? Desde luego yo no puedo explicarlo, hace demasiado que mis sueños no los puedo nombrar en alto. Hace demasiado que nada bueno sucede.

                ¿Qué queda cuando los sueños persisten en quedarse? Quizás a veces hay que enterrarlos en tumbas de profundidad media, si fueran poco profundas no sería suficiente. Nadie me dijo que fuera fácil, demasiados dicen que es imposible. ¿Lo que me preocupa? No saber qué es lo que yo mismo pienso.

                Debería ir aclarando mis ideas, el tiempo de los juegos ya se terminó. ¿Pero cómo reaccionar? ¿Cómo? Es extraño cuando tus héroes de la infancia, los que han cimentado las bases de un porcentaje muy importante de lo que hoy eres ya no son dichos héroes. No son villanos, pero lejos quedan de aquella aureola que los rodeaba y te hacía creer en ellos. ¿Será eso crecer?

                Y la mayor culpa es mía, lo sé y no me lo perdonaré nunca. Pero no toda. No todas las decisiones son blancas o negras; y la escala de grises es muy amplia. Y si las personas adecuadas no te apoyan, ¿qué te queda?

                Porque lo que las historias no nos contaron es lo que pasa con los bufones. Los principies y princesas siempre se salen con la suya, tienen su felices para siempre (o eso nos dicen). También sabemos qué pasa con las brujas, con los malvados y despiadados: reciben su castigo. Pero, ¿qué pasa con los bufones? Con la plebe, con los que ni son buenos ni malos. Ni protagonistas ni secundarios. ¿Donde están nuestros finales felices?

                ¿O acaso a nadie le importa(mos)? Pobres (nosotros) los bufones condenados a ver como los demás cumplen sus sueños. ¿Algún día lograrán cumplir sus sueños? Ser protagonistas de su propia historia. Porque los poetas quieren dejar la oficina y dedicarse a sus versos. Porque los cantautores quieren dejar de hablar de desamores y vivir sus amores. Porque los bufones queremos, alejarnos de la corte y vivir nuestros sueños.




Los bufones no quieren saber ya nada de la corte
de princesas,
ni de sus príncipes encantadores.
Ellas unas putas,
y los susodichos, unos... mamones.

¿La justicia del reino?
Blasfemias y linchamientos.
No hay espacio en la corte
para sus benditos sueños.

Solo quiere una plebeya,
que lo deje sin aliento.
Cantar a sus anchas la canción
que en secreto guarda su pecho.

Quiere irse lejos de todo,
huir de todos,
no parar.
Quiere irse muy lejos
y allí de nuevo empezar.




Pedro-Ángel

lunes, 16 de enero de 2012

La ciudad en calma.

                La ciudad en calma, silenciosa. Por las calles de Burgos apenas gente. La atmósfera era como de una ciudad que duerme, en silencio apenas roto por la ligera lluvia que hidrataba las calles y me mojaba a mí mientras recorría cada adoquín.

                He recorrido aquellas calles muchas veces y hacía tiempo que no veía así la ciudad. Quizás la primera vez, y si no la primera, sí desde hace mucho tiempo. Ese silencio, esa sensación de una soledad extrañamente agradable. Pensaba en lo que había pasado en lo que estaba pasando y en la incertidumbre de lo que está por pasar.

                Y no sé que tendrá cuando llueve una ciudad, un halo especial, un destello o fulgor secreto que sólo se deja ver a los ojos de los pocos osados a quién no les importa mojarse y caminar, más que para desvelar secretos ocultos, para aclarar sus propias ideas. Y en eso me encontraba en pensar simplemente, tranquilo entre las gotas de lluvia que de vez en cuando me lava las ideas.

                Y mis ideas ya no sé ni dónde rondan, sólo sé que me gustaría hacer la maleta una última vez, para emprender el viaje que me lleve a ver la verdad. Lo que se esconde entre las líneas de mis versos y apenas se deja leer. Reinventarme no estaría mal. Pero mejor estaría seguir siendo el mismo idiota de siempre, pero con distinto argumento. Porque, a veces, prefiero un poema de amor a una canción de cantautor. Sólo quiero hacer las maletas llenarlas de mis versos, de mis dibujos, ideas y sueños. Ese sería mi hatillo.

            
                Quiero caminar largo por las calles pensando en la luna, en los versos que nunca escribí. Tocar la melodía secreta que en las noches sin luna cantan las golondrinas justo antes de irse a dormir.




Pedro-Ángel 

lunes, 9 de enero de 2012

Correspondencia de ayer y hoy.

Carta al amor que no llega:                           30 de julio de 2008

                A tus ojos,
a esa mirada
que entra en mi alma

                A tus labios,
a esos dos corpúsculos carmesí
que abrasan mis labios
cuando los besan.

                A tus piernas,
a esas dos medias enteras
que avanzan,
pisoteando sin piedad
mi [maltrecha] alma...

                               ...¿dónde estás?


Carta de vuelta...    (sin dirección al dorso)         9 de Enero de 2012

                Y el amor llegó
y se fué.
Y apareció,
y se esfumó.

                Y volví al punto de retorno
a la casilla de salida.
A perder los dados
a olvidar las reglas no escritas.

                Y vuelvo a silbar
la canción triste,
el blus de tus caderas
envidando a la vida
con cara de pócker
sin tener una buena mano
y guardándome un AS en la manga.

                Un AS para que no me lo robes
para que tu mirada al verme,
no vea.
para que tus piernas al pasar,
no pisen
lo que queda de mi [otrora maltrecha] alma.
 




Pedro-Ángel