jueves, 19 de enero de 2012

De bufones y sueños (las cunetas llenas)

                Y es que a veces nada sienta tan bien como cumplir un sueño. ¿Pero a qué sabe un sueño cumplido? Desde luego yo no puedo explicarlo, hace demasiado que mis sueños no los puedo nombrar en alto. Hace demasiado que nada bueno sucede.

                ¿Qué queda cuando los sueños persisten en quedarse? Quizás a veces hay que enterrarlos en tumbas de profundidad media, si fueran poco profundas no sería suficiente. Nadie me dijo que fuera fácil, demasiados dicen que es imposible. ¿Lo que me preocupa? No saber qué es lo que yo mismo pienso.

                Debería ir aclarando mis ideas, el tiempo de los juegos ya se terminó. ¿Pero cómo reaccionar? ¿Cómo? Es extraño cuando tus héroes de la infancia, los que han cimentado las bases de un porcentaje muy importante de lo que hoy eres ya no son dichos héroes. No son villanos, pero lejos quedan de aquella aureola que los rodeaba y te hacía creer en ellos. ¿Será eso crecer?

                Y la mayor culpa es mía, lo sé y no me lo perdonaré nunca. Pero no toda. No todas las decisiones son blancas o negras; y la escala de grises es muy amplia. Y si las personas adecuadas no te apoyan, ¿qué te queda?

                Porque lo que las historias no nos contaron es lo que pasa con los bufones. Los principies y princesas siempre se salen con la suya, tienen su felices para siempre (o eso nos dicen). También sabemos qué pasa con las brujas, con los malvados y despiadados: reciben su castigo. Pero, ¿qué pasa con los bufones? Con la plebe, con los que ni son buenos ni malos. Ni protagonistas ni secundarios. ¿Donde están nuestros finales felices?

                ¿O acaso a nadie le importa(mos)? Pobres (nosotros) los bufones condenados a ver como los demás cumplen sus sueños. ¿Algún día lograrán cumplir sus sueños? Ser protagonistas de su propia historia. Porque los poetas quieren dejar la oficina y dedicarse a sus versos. Porque los cantautores quieren dejar de hablar de desamores y vivir sus amores. Porque los bufones queremos, alejarnos de la corte y vivir nuestros sueños.




Los bufones no quieren saber ya nada de la corte
de princesas,
ni de sus príncipes encantadores.
Ellas unas putas,
y los susodichos, unos... mamones.

¿La justicia del reino?
Blasfemias y linchamientos.
No hay espacio en la corte
para sus benditos sueños.

Solo quiere una plebeya,
que lo deje sin aliento.
Cantar a sus anchas la canción
que en secreto guarda su pecho.

Quiere irse lejos de todo,
huir de todos,
no parar.
Quiere irse muy lejos
y allí de nuevo empezar.




Pedro-Ángel

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