miércoles, 7 de marzo de 2012

Caníbal de de besos.

                                                                                         ...Tengo memoria de pez, por eso te beso para que no se me olvide a que saben los sueños.



                Y por una vez, don Carnal ganó a doña Cuaresma. Y aquella noche, en aquel lecho, tantos besos como estrellas en el cielo. Mirando al techo buscando estrellas fugaces para pedir un deseo, sencillo, que se pare el tiempo.

                Y no se puede ser mas necio. No es realidad sino sueño, sueño real, palpable. Mil caricias tantas como palabras se me escapan, un puñado de te quiero no bastan. Se me acaba el argumento, pues mojo mi pluma en tinta y me lo invento. El final siempre el mismo, acostarme a tu lado, junto a tu pecho.

                Junto a tu pecho no me importaría morir, ir apagándome poco a poco. Desdibujarme en tu seno mientras, tú, poco a poco, revuelves mi pelo. Mientras, tú, poco a poco, me confiesas (muy bajito y en secreto) un te quiero.

                Tengo ganas de estar más contigo, de conocerte más, de verte sonreir al despertar y no pensar en que tengo que llevarte a coger el tren, confieso. Pero también reconozco, que las despedidas son más en un andén. Y son mejores los besos cuando prometen un bis al compas de la luna llena de versos.

                Y quiero comerte, caníbal de amor y de celos. Del aire que te roza, de la brisa que mece tu pelo. Caníbal de besos.

                Bailo, bailo y muevo mi culo al ritmo del suero. Suero de sabor carmín, de maletas deshechas, de encuentros en estaciones que no llevan si no a ti. Peces que nunca olvidan el último beso.

                Puede que todo sea un sueño, que mis delirios, tan solo un eco. Puede que mis versos se borren al pasar el dedo, pero cuando mi cuerpo te llama, yo reo. Prisionero de algo que me estremece, que me sujeta y me ata. Como un bote en medio de una tempestad la tragedia se narra.
                Todos los delirios son pocos, todos los versos me sobran. Busco a tientas y no encuentro, el cuerpo que mis párpados invocan.

                Muchos son los besos, pocos los que matan. Pero los tuyos certeros. Me arrancas de mi propio pecho un puñado de sueños. Me desvelas, me excitas, me inspiras.

                Y aquella noche, en aquel lecho, tantos besos fugaces para pedir un deseo, sencillo, que se pare el tiempo.

                                                                                              ...Y buscar trescientas cuarenta y un formas, de decir TE QUIERO.

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